Cuando estamos lejos de casa y escuchamos la música de Colombia… vibramos.
Pero cuando la interpretamos, nace dentro de nosotros un deseo inmenso de que todos quienes nos escuchan sientan nuestro calor humano, nuestra alegría, nuestra esencia. Porque en cada nota, en cada paso y en cada sonrisa, traemos un pedacito de nuestro país.
El Salvador ha sido un reflejo maravilloso de ese sentimiento.
Nos han recibido con cariño, con amor, con la misma emoción con la que ellos también vivieron nuestro Festival Internacional de Bandas Ciudad de la Luna, cuando nos visitaron el pasado mes de mayo.
Gracias, El Salvador, por abrirnos el corazón.